LA GRAN PLAZA DEL QOSQO CUSCO

Ocupa el centro del plano urbano de la ciudad de los incas, es el corazón de la Urbe y a su vez Centro del Imperio del Sol. La Plaza es síntesis del Tahuantinsuyo, en ella se reflejaba todo el orden del estado, el aparato administrativo y la jerarquía social, es el altar común de todos los dioses del Imperio.
La ubicación de la plaza fue determinada por el Inca Manco Capac, viendo en este lugar una zona propicia para establecer en este lugar un centro de reunión, en el tiempo aquel, la plaza era una llanura pantanosa, el río saphy que corre de norte a Sur, había formado un recodo anegado y de difícil paso, allí crecían juncos de varios pies de alto y algunos árboles desperdigados, se alzaban también dos enormes columnas de rocas -in situ-, que el otorgaban al lugar una extraordinaria configuración.
El 2do Inca Sinchi Roca, ordeno traer tierra y allanar con ella toda la plaza, esta labor demando muchos años, desecar un tremendal era titánica tarea y fue efectuada con el apoyo de pueblos vecinos. Para desecar la plaza, se utilizo lozas y maderos gruesos además de tierra traída de los cerros que rodean la ciudad y el valle. Cuando la tarea fue concluida se canalizo el río saphy que fue cubierto de grandes lozas de piedra a todo lo ancho de la plaza, dividiendo así el enorme escenario en dos plazas diferentes.
Al principio del imperio, la plaza fue lugar de concentración del ejército Inca, “La Piedra de la Guerra”, una de las rocas que se erguía en la plaza, era un ídolo de gran veneración, lo llamaban también “Señor de la Guerra” y le ofrendaban las victorias y entregaban las armas de los vencidos.
La plaza, no fue ocupada por ningún Inca del Urin Qosqo, -Manco Capac, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui Mayta Capac, Capac Yupanqui-, durante el tiempo de estos Incas, que erigieron sus palacios al rededor del Koricancha, la plaza fue dedicada a las reuniones multitudinarias que congregaban a los pueblos que formaban el incipiente Estado Inca. Recién en el Gobierno del VI Inca, Inca Roca (1260 d.c.) aproximadamente, la plaza sufre una remodelación y este Inca es el primero que alza su Palacio alrededor de la plaza, erigiendo para si el palacio de Qora Qora, ubicado al norte de la plaza, frente al “Inti Qijllu”, la vía, que conducía directamente de la plaza al templo del Koricancha; los terrenos que rodeaban la plaza fueron dispuestos en ordenadas “canchas” par a los futuros Incas.
La gran Plaza que antes fue un cenagal y hoy un llano apisonado de tierra, vario muy poco hasta la época del V Inca Capac Yupanqui, este soberano pobló con “Mitimaes”, que eran pueblos enteros desplazados, las tierras de “Arec Q’epan”, que significan según el fallecido quechuologo Luís Hermoza S. “detrás del volcán” y correspondería a los territorios del actual departamento de arequipa.
Este Inca fue el primero que llevo sus conquistas hasta las orillas del mar, este suceso fue contado por los Jarawicos y escrito en Khipus de oro y plata, caló muy hondo en el espíritu de los hombres del ande, el conocimiento del mar, fue suceso epónimo y se integro a la mitología Andina, elevando el mar, a la categoría de principalísima deidad, la mejor forma de homenajear a la nueva inquilina de la iglesia Andina fue cubrir la tierra de la plaza del sol con arena del mar, este trabajo demando muchísimo tiempo, la obra fue recién concluida en el gobierno de Inca Roca.
La plaza cambio de fisonomía, los grandes brazos pétreos que se erguían, fueron rodeados de muros de piedra, esculpidos y engastados de oro, plata y piedras preciosas, algunos espacios de la plaza se cubrieron con finas lozas para facilitar el paso de los nobles cusqueños, que regaban la arena con adornos y utensilios de oro, se restringió el acceso y todas las ceremonias religiosas, festivas o cívicas que se efectuaban hasta esa fecha en la plaza del Koricancha, fueron trasladadas a estas, con el tiempo, suntuosos edificios rodearon la plaza, grandes palacios con puertas y adornos de mármol rosa, daban al lugar, majestad de ciudad, la más grande y moderna de América.
La plaza siguió creciendo en importancia, la consolidación del imperio daba al Qosqo y a su plaza dimensión de quimera. De la plaza salían los cuatro caminos a los cuatro suyos, de ella partían los ejércitos conquistadores y a ella volvían cargados de oro y riquezas. La plaza también fue templo de la religión andina, el fuego, el aire, el agua, la tierra , elementos nutrientes del alma Quechua se hallaban presentes, el agua no solo en el río que dividía la plaza, si no en bellas y enormes fuentes que servían como adorno y como objeto de culto; el fuego, trepidando siempre en un fogón de piedra, ardía día y noche en el Usno central, resguardado por sacerdotes esmerados en su atención; el viento mientras tanto silbaba enardecido o soplaba entre murmullos por entre los canales tallados en las rocas; y la tierra, presente en toda su dimensión daba al lugar un aspecto de soledad mística.
La gran plaza, por las noches no estaba a oscuras, era iluminada por cientos de hachones encendidos en las puertas de los palacios, los nobles Incas, hicieron de la plaza un lugar de reunión, era un centro donde se platicaba y discernía sobre la vida del imperio.
El gran espacio rectangular que ocupaba la plaza, dividido en dos por el río saphy, que significa “raíz”, tenia funciones diferentes, el espacio que hoy ocupa la actual “plaza de armas”, era denominado Huacaypata, por ser lugar en el que antaño, los Incas adoraban al Sol con muestra de dolor y llanto, este lugar se hallaba rodeado de seis palacios y en el centro se alzaba, en una de las Rocas el Usno Ceremonial, de él, salían doce calzadas hacia los cuatro lados de la plaza; frente al palacio de Huayna Capac, llamado “Amaru Cancha”, hoy Templo de la Compañía y la Universidad, se erguía la piedra de la guerra, esta Huaca, también roca original estaba guarnecida de ídolos de oro, tomados como trofeo en sus hazañas guerreras; frente al palacio de “Qora Qora”, hoy calle procuradores, estaba una bella fuente adorada como Huaca principal; frente al palacio de “Qasana”, hoy portal de panes, estaba otra Huaca principal, era un enorme hoyo en el suelo donde se adoraba el viento; encima del anden, hoy gradas de Catedral, se alzaba imponente el “Suntur Huasi” o Casa de las Armas, verdadero museo de las emblemas, insignias, escudos y armas que llevaron los Incas a sus conquistas, muchas de ellas con siglos de antigüedad, sucedidas de generación en generación.
Cruzando las lozas que cubrían el río, estaba un enorme galpón de doscientos pasos de largo y sesenta de ancho para usarlo en fiestas y bailes, cuando el tiempo con aguas, no permitía estar en la Plaza al descubierto, esta enorme construcción de troncos y pajas podía albergar tres il personas; esta Plaza se extendía hacia el sur, ocupando el terreno que hoy tiene el Templo y convento de la Merced, en este enorme lugar, se efectuaba cada nueve días el “k’atu” o mercado del cusco, ese día , llegaban a la ciudad, comerciantes de todo el imperio, gente de los cuatro suyos y habitaciones de comunidades nativas que train alimentos, ropa, medicinas, utensilios, ofrendas, vajillas, telas, animales y todo lo imaginable para ser cambiados por otros productos.
Del anden del “Cusi Pata”, seguian tres amplias escaleras hacia la tercera plaza, hoy llamada San Francisco, y que en ese tiempo era la salida de los caminos al Chinchaysuyo – por la calle tordo, hacia Carmenc’a – y del Contisuyo – por la calle Santa Clara -, cerca a estas salidas, habían otras dos grandes fuentes o “Pacchas”, representando los dioses tutelares de cada suyo, rodeando esta plaza había palacios y un Tambo del Ejercito Inca.
La visión general de la plaza, era imponente, su largo era de quinientos metros y su ancho de ciento cincuenta metros, las colosales construcciones que la rodean y los monumentos que se levantan al centro de ella, le otorgaban majestuosidad y grandeza sin par La Plaza tuvo dos épocas distintas, con ambiente y usos diferentes, la primera corresponde a los Incas del Urin Qosqo, que vivieron cerca o muy cerca del Koricancha, que se halla en la zona correspondiente al Cusco bajo, Manco Capac, vivio y murio en su palacio de Inticancha, la actual manzana de calle zetas, abracitos, limacpampa, tullumayu, Inti Qhawarina ahuacpinta, su Momia, fue guardada en ese mismo lugar y servida por su familia Chima Panaca.
Dentro del orden mental andino, los primeros ocupan la base, es decir la parte inferior o Urin y los segundos o los posteriores la parte alta o Hanan. El palacio de Colcanpata que se atribuye como vivienda de Manco Capac, es en realidad un templo erigido por el, al pie de una imponente colina coronado por un sorprendente y enigmático bosque de rocas. La segunda etapa de la plaza corresponde a la época de los Incas expansivos; los primeros consolidaron el Qosqo y la Nación Quechua, los segundos la expanden y la fortalecen.
La plaza como reflejo del desarrollo del Tahuantinsuyo, cambia su fisonomia de “Gran Plaza de la Guerra”, a divinidad; la plaza es reverenciada como Huaca y su aspecto muda pierde su sobrecogedora rigidez guerrera y adquiere solemnidad religiosa, se llena de fuentes, andenes y portadas, se embellece con arquitectura Sacra que le da al Foro, magnificencia y armonía. Asi, hallan la plaza los españoles, pero en corto tiempo alteran gravemente su originario trazo.
La ubicación de la plaza fue determinada por el Inca Manco Capac, viendo en este lugar una zona propicia para establecer en este lugar un centro de reunión, en el tiempo aquel, la plaza era una llanura pantanosa, el río saphy que corre de norte a Sur, había formado un recodo anegado y de difícil paso, allí crecían juncos de varios pies de alto y algunos árboles desperdigados, se alzaban también dos enormes columnas de rocas -in situ-, que el otorgaban al lugar una extraordinaria configuración.
El 2do Inca Sinchi Roca, ordeno traer tierra y allanar con ella toda la plaza, esta labor demando muchos años, desecar un tremendal era titánica tarea y fue efectuada con el apoyo de pueblos vecinos. Para desecar la plaza, se utilizo lozas y maderos gruesos además de tierra traída de los cerros que rodean la ciudad y el valle. Cuando la tarea fue concluida se canalizo el río saphy que fue cubierto de grandes lozas de piedra a todo lo ancho de la plaza, dividiendo así el enorme escenario en dos plazas diferentes.
Al principio del imperio, la plaza fue lugar de concentración del ejército Inca, “La Piedra de la Guerra”, una de las rocas que se erguía en la plaza, era un ídolo de gran veneración, lo llamaban también “Señor de la Guerra” y le ofrendaban las victorias y entregaban las armas de los vencidos.
La plaza, no fue ocupada por ningún Inca del Urin Qosqo, -Manco Capac, Sinchi Roca, Lloque Yupanqui Mayta Capac, Capac Yupanqui-, durante el tiempo de estos Incas, que erigieron sus palacios al rededor del Koricancha, la plaza fue dedicada a las reuniones multitudinarias que congregaban a los pueblos que formaban el incipiente Estado Inca. Recién en el Gobierno del VI Inca, Inca Roca (1260 d.c.) aproximadamente, la plaza sufre una remodelación y este Inca es el primero que alza su Palacio alrededor de la plaza, erigiendo para si el palacio de Qora Qora, ubicado al norte de la plaza, frente al “Inti Qijllu”, la vía, que conducía directamente de la plaza al templo del Koricancha; los terrenos que rodeaban la plaza fueron dispuestos en ordenadas “canchas” par a los futuros Incas.
La gran Plaza que antes fue un cenagal y hoy un llano apisonado de tierra, vario muy poco hasta la época del V Inca Capac Yupanqui, este soberano pobló con “Mitimaes”, que eran pueblos enteros desplazados, las tierras de “Arec Q’epan”, que significan según el fallecido quechuologo Luís Hermoza S. “detrás del volcán” y correspondería a los territorios del actual departamento de arequipa.
Este Inca fue el primero que llevo sus conquistas hasta las orillas del mar, este suceso fue contado por los Jarawicos y escrito en Khipus de oro y plata, caló muy hondo en el espíritu de los hombres del ande, el conocimiento del mar, fue suceso epónimo y se integro a la mitología Andina, elevando el mar, a la categoría de principalísima deidad, la mejor forma de homenajear a la nueva inquilina de la iglesia Andina fue cubrir la tierra de la plaza del sol con arena del mar, este trabajo demando muchísimo tiempo, la obra fue recién concluida en el gobierno de Inca Roca.
La plaza cambio de fisonomía, los grandes brazos pétreos que se erguían, fueron rodeados de muros de piedra, esculpidos y engastados de oro, plata y piedras preciosas, algunos espacios de la plaza se cubrieron con finas lozas para facilitar el paso de los nobles cusqueños, que regaban la arena con adornos y utensilios de oro, se restringió el acceso y todas las ceremonias religiosas, festivas o cívicas que se efectuaban hasta esa fecha en la plaza del Koricancha, fueron trasladadas a estas, con el tiempo, suntuosos edificios rodearon la plaza, grandes palacios con puertas y adornos de mármol rosa, daban al lugar, majestad de ciudad, la más grande y moderna de América.
La plaza siguió creciendo en importancia, la consolidación del imperio daba al Qosqo y a su plaza dimensión de quimera. De la plaza salían los cuatro caminos a los cuatro suyos, de ella partían los ejércitos conquistadores y a ella volvían cargados de oro y riquezas. La plaza también fue templo de la religión andina, el fuego, el aire, el agua, la tierra , elementos nutrientes del alma Quechua se hallaban presentes, el agua no solo en el río que dividía la plaza, si no en bellas y enormes fuentes que servían como adorno y como objeto de culto; el fuego, trepidando siempre en un fogón de piedra, ardía día y noche en el Usno central, resguardado por sacerdotes esmerados en su atención; el viento mientras tanto silbaba enardecido o soplaba entre murmullos por entre los canales tallados en las rocas; y la tierra, presente en toda su dimensión daba al lugar un aspecto de soledad mística.
La gran plaza, por las noches no estaba a oscuras, era iluminada por cientos de hachones encendidos en las puertas de los palacios, los nobles Incas, hicieron de la plaza un lugar de reunión, era un centro donde se platicaba y discernía sobre la vida del imperio.
El gran espacio rectangular que ocupaba la plaza, dividido en dos por el río saphy, que significa “raíz”, tenia funciones diferentes, el espacio que hoy ocupa la actual “plaza de armas”, era denominado Huacaypata, por ser lugar en el que antaño, los Incas adoraban al Sol con muestra de dolor y llanto, este lugar se hallaba rodeado de seis palacios y en el centro se alzaba, en una de las Rocas el Usno Ceremonial, de él, salían doce calzadas hacia los cuatro lados de la plaza; frente al palacio de Huayna Capac, llamado “Amaru Cancha”, hoy Templo de la Compañía y la Universidad, se erguía la piedra de la guerra, esta Huaca, también roca original estaba guarnecida de ídolos de oro, tomados como trofeo en sus hazañas guerreras; frente al palacio de “Qora Qora”, hoy calle procuradores, estaba una bella fuente adorada como Huaca principal; frente al palacio de “Qasana”, hoy portal de panes, estaba otra Huaca principal, era un enorme hoyo en el suelo donde se adoraba el viento; encima del anden, hoy gradas de Catedral, se alzaba imponente el “Suntur Huasi” o Casa de las Armas, verdadero museo de las emblemas, insignias, escudos y armas que llevaron los Incas a sus conquistas, muchas de ellas con siglos de antigüedad, sucedidas de generación en generación.
Cruzando las lozas que cubrían el río, estaba un enorme galpón de doscientos pasos de largo y sesenta de ancho para usarlo en fiestas y bailes, cuando el tiempo con aguas, no permitía estar en la Plaza al descubierto, esta enorme construcción de troncos y pajas podía albergar tres il personas; esta Plaza se extendía hacia el sur, ocupando el terreno que hoy tiene el Templo y convento de la Merced, en este enorme lugar, se efectuaba cada nueve días el “k’atu” o mercado del cusco, ese día , llegaban a la ciudad, comerciantes de todo el imperio, gente de los cuatro suyos y habitaciones de comunidades nativas que train alimentos, ropa, medicinas, utensilios, ofrendas, vajillas, telas, animales y todo lo imaginable para ser cambiados por otros productos.
Del anden del “Cusi Pata”, seguian tres amplias escaleras hacia la tercera plaza, hoy llamada San Francisco, y que en ese tiempo era la salida de los caminos al Chinchaysuyo – por la calle tordo, hacia Carmenc’a – y del Contisuyo – por la calle Santa Clara -, cerca a estas salidas, habían otras dos grandes fuentes o “Pacchas”, representando los dioses tutelares de cada suyo, rodeando esta plaza había palacios y un Tambo del Ejercito Inca.
La visión general de la plaza, era imponente, su largo era de quinientos metros y su ancho de ciento cincuenta metros, las colosales construcciones que la rodean y los monumentos que se levantan al centro de ella, le otorgaban majestuosidad y grandeza sin par La Plaza tuvo dos épocas distintas, con ambiente y usos diferentes, la primera corresponde a los Incas del Urin Qosqo, que vivieron cerca o muy cerca del Koricancha, que se halla en la zona correspondiente al Cusco bajo, Manco Capac, vivio y murio en su palacio de Inticancha, la actual manzana de calle zetas, abracitos, limacpampa, tullumayu, Inti Qhawarina ahuacpinta, su Momia, fue guardada en ese mismo lugar y servida por su familia Chima Panaca.
Dentro del orden mental andino, los primeros ocupan la base, es decir la parte inferior o Urin y los segundos o los posteriores la parte alta o Hanan. El palacio de Colcanpata que se atribuye como vivienda de Manco Capac, es en realidad un templo erigido por el, al pie de una imponente colina coronado por un sorprendente y enigmático bosque de rocas. La segunda etapa de la plaza corresponde a la época de los Incas expansivos; los primeros consolidaron el Qosqo y la Nación Quechua, los segundos la expanden y la fortalecen.
La plaza como reflejo del desarrollo del Tahuantinsuyo, cambia su fisonomia de “Gran Plaza de la Guerra”, a divinidad; la plaza es reverenciada como Huaca y su aspecto muda pierde su sobrecogedora rigidez guerrera y adquiere solemnidad religiosa, se llena de fuentes, andenes y portadas, se embellece con arquitectura Sacra que le da al Foro, magnificencia y armonía. Asi, hallan la plaza los españoles, pero en corto tiempo alteran gravemente su originario trazo.
Carlos Candia Muriel “Wanchu” - Escritor - Cuadernos Andinos.